Del 4 al 8 de diciembre dedicaremos cinco días a explorar una de las enseñanzas fundamentales del budismo mahayana: la naturaleza búdica, también descrita como nuestra bondad fundamental o nuestro potencial de despertar.
Es una idea difícil de creer: una confianza sin fisuras en que todos los seres, sin excepción, poseen la capacidad de despertar. Desde esta perspectiva, la confusión, los hábitos y las emociones que nos hacen sufrir no definen de manera definitiva lo que somos. Son oscurecimientos que pueden ser reconocidos y despejados.
Alabanza al Dharmadhatu
Para adentrarnos en esta cuestión partiremos de una fuente poco conocida y raramente enseñada en este contexto: Alabanza al Dharmadhatu (Dharmadhatustava), una preciosa obra que se atribuye a Nagarjuna.
El texto forma parte de la colección de himnos que se le atribuyen, junto a sus tratados centrales sobre la vacuidad. Mientras esos tratados examinan la ausencia de existencia inherente en todos los fenómenos, la Alabanza al Dharmadhatu se detiene en la misma realidad desde otro ángulo: no en lo que la mente y los fenómenos no son, sino en la cualidad luminosa y despierta que los constituye. Por eso se convirtió, con el tiempo, en una referencia para los linajes que integran sutra y tantra: es uno de los puentes textuales entre la filosofía de la vacuidad y las enseñanzas vajrayana sobre la naturaleza de la mente.
La naturaleza búdica según el vajrayana
El vajrayana no describe la naturaleza búdica como una posibilidad futura que se va construyendo poco a poco. La presenta como algo ya completo, presente en este mismo momento, oscurecido pero no dañado por la confusión pasajera. Las imágenes que emplean estos textos —oro sepultado, una lámpara encendida dentro de un jarrón, un cielo cubierto de nubes— apuntan a lo mismo: lo que se busca no hay que fabricarlo, sino reconocerlo donde ya está.
Esta manera de entender la naturaleza búdica sostiene buena parte de la práctica tántrica, que no trabaja para producir un despertar nuevo, sino para relacionarse directamente con lo que ya es puro en la propia experiencia. Durante estos cinco días leeremos la Alabanza al Dharmadhatu junto con las enseñanzas mahayana sobre la naturaleza búdica, para ver cómo una misma pregunta —qué somos, más allá de la confusión— se responde desde dos ángulos distintos y complementarios.