Una vez más, Shantideva

Camino al despertar, la gran obra budista que te cambiará la vida

Hay tantos, tantísimos textos budistas, que, si preguntáramos a diez representantes de distintas tradiciones del Buda que nos dijeran diez títulos imprescindibles del cánon, no debería haber unanimidad. Sin embargo, no sería de extrañar que el Bodhisattvacharyavatara apareciera en todas y cada una de dichas listas. Tal es su carácter paradigmático.

¿Qué se puede decir de la obra Bodhisattvacharyavatara? 

El bardo: una llave maestra a las enseñanzas del Buda

¿Qué es el bardo?

Bardo significa “estado intermedio” o “intervalo”. A menudo, en el budismo tibetano se utiliza para referirnos a la transición entre la muerte y la siguiente vida, en un contexto que asume la reencarnación. Pero, para ser exactas, este sería solo un tipo de bardo, llamado “el doloroso bardo del morir”. Dzongsar Khyentse Rinpoche lo describe como una experiencia onírica en que nuestra percepción funciona de forma más desnuda que durante la vida o la vigilia, sin los filtros y limitaciones de la información que nos llega por los sentidos. Es un momento especialmente importante para las practicantes budistas, que aspiran no estar abrumadas por la extrañeza o el susto, mantener la atención e incluso poder controlar el proceso.

En cualquier caso, Khyentse Rinpoche insiste que lo más importante es recordar que todo es una proyección de la propia mente. De tal forma, se rebaja el apego o miedo a aquello que nos vayamos encontrando. Pero ¿esta instrucción no se parece a lo que se nos anima a cultivar en el día a día?

Cualquier experiencia es un bardo

Sí, efectivamente. Y, por esa razón, cualquier maestro o maestra actual a quien leamos o escuchemos enseñar sobre el bardo insistirá que este carácter intermedio y transitorio no se limita al recorrido entre la muerte y la siguiente vida. 

Pema Chodron, por ejemplo, dice que la enseñanza sobre el bardo nos permite percibir la vida desde la impermanencia, como transición, de tal forma que podemos estar más preparadas para los bardos que vengan, por inciertos que sean. De hecho, como explica en Tal como vivimos, morimos, en el budismo tibetano se contemplan hasta seis bardos: el bardo natural de la vida, el bardo del sueño, el bardo de la agonía —desde que nos damos cuenta de que nos moriremos pronto hasta el último aliento—, el bardo del dharmata —un instante fugaz de la muerte, ideal para reconocer la verdadera naturaleza de las cosas, la diana de cualquier practicante vajrayana— y el bardo del devenir —el tránsito hasta la próxima vida—. 
Para seguir ampliando el sentido de bardo más allá de la sexta transición que hemos listado, Ann Tashi Slater, autora de Traveling in Bardo: The Art of Living in an Impermanent World, nos facilita dos imágenes de experiencias liminales y su efecto transformador. La primera son las cuevas de retiro en la cultura tibetana, y la segunda es la idea de “ma” japonesa, de un espacio vacío. Nos explica que meditar en una cueva era una actividad común para encontrar nuevas perspectivas en un lugar vacío, y comparte que la noción de “ma” pone nombre a un espacio en el que puede pasar algo: una pausa en una