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Por quĆ© meditar no solo deberĆ­a reducir tu estrĆ©s: crĆ­tica a la meditaciĆ³n como autoayuda (parte 1)

Foto del escritor: Berta SƔenzBerta SƔenz

Actualizado: 1 dic 2024

La moda del mindfulness


DespuĆ©s del entusiasmo inicial hacia el mindfulness, surge en los sectores mĆ”s comprometidos socialmente, entre los mĆ”s agudos analistas de nuestro tiempo e, incluso, entre algunas comunidades budistas, un no-sĆ©-quĆ© de desaprensiĆ³n hacia la pociĆ³n mĆ”gica del mindfulness que recetan los terapeutas mĆ”s celebrados del mercado.


Nos sumamos a la crĆ­tica de ciertas terapias no para repetir lo que ya se ha dicho, sino para evitar el riesgo de descartar algo valiosĆ­simo por no discernir que, en pocas palabras, la meditaciĆ³n budista no es autoayuda. Pero antes entendamos quĆ© es la autoayuda y por quĆ© queremos desmarcarnos de ella.


La cultura de la autoayuda

En el ensayo No seas tĆŗ mismo (2021), Eudald Espluga sintetiza esta crĆ­tica a la autoayuda que se ha respirado en Casa Virupa desde su nacimiento. AsĆ­ que nos basaremos en su anĆ”lisis, que se podrĆ­a aplicar a una comprensiĆ³n superficial del budismo.

Espluga insiste en que la explosiĆ³n mediĆ”tica de las narrativas de autoayuda, la pretensiĆ³n de ā€œconquista del sĆ­ mismoā€, no es casual ni neutral, sino que ā€œarraiga con fuerza en la ideologĆ­a neoliberalā€. Esta convicciĆ³n le anima a cuestionar ā€”y, por ello, a entender y exponerā€” la cultura de la autoayuda.

En primer lugar, identifica en el corazĆ³n de la Ć©tica de la autoayuda un ā€œideal voluntarista y absoluto de felicidad, que solo puede ser conquistado por un sujeto autosuficiente, perfeccionable, autotransparente, invulnerable y reflexivamente responsable de todo lo que le pasa.ā€ PodrĆ­amos destacar dos aspectos de este discurso. Por un lado, parte de un sujeto que se cree absolutamente el lema: ā€œsi quieres, puedesā€. Es decir, un tipo de persona que se encuentra en una situaciĆ³n sin trabas en la que la realidad se puede amoldar perfectamente a sus deseos si los persigue con suficiente tenacidad. A este modelo de subjetividad lo llama ā€œvoluntarismo mĆ”gicoā€, segĆŗn el cual todo lo que nos pasa es efecto de nuestra elecciĆ³n y acciones, independientemente de nuestras condiciones materiales.




Depende del nivel de familiaridad que se tenga con la tradiciĆ³n budista, es cierto que la doctrina del karma podrĆ­a ser el ejemplo paradigmĆ”tico de este voluntarismo, dado que, efectivamente, se considera que nuestra experiencia presente se debe a hĆ”bitos y acciones que hemos potenciado en el pasado, incluso si no los podemos recordar, pero que maduran como frutos plantados siguiendo una rigurosa lĆ³gica causal. Sin embargo, esta lectura de ā€œtodo lo que haces vuelveā€ tiene que entenderse a la luz de una comprensiĆ³n profunda del karma que no podremos desplegar en este artĆ­culo. AĆŗn asĆ­, mencionamos algunos puntos esenciales que matizan cualquier exposiciĆ³n simplista del karma que sirviese como una forma de culpabilizaciĆ³n del individuo, de refuerzo del individualismo y de corrosiĆ³n de la solidaridad, como le preocupa a Espluga y, evidentemente, a nosotras. Algunas de estas claves consistirĆ­an en tener en cuenta el karma colectivo ā€”del que el individuo no es el Ćŗnico responsableā€”; contar con una comprensiĆ³n profunda del continuo mental que se reencarna ā€”no hay un alma que entre y salga del cuerpo y que responda de todo lo que ha hecho en el pasado; es decir, no hay ningĆŗn yo independiente y autĆ³nomoā€” y, especialmente, que el hecho que el Ć©nfasis en el karma pretende animar a prestar atenciĆ³n en cĆ³mo encajamos lo que nos ocurre externamente, no tanto a poder cambiar nuestras condiciones materiales sin mĆ”s.

Esta enseƱanza estĆ” diseƱada para empoderarnos de nuestra experiencia haciĆ©ndonos tomar conciencia de que nada de lo que nos ocurre es totalmente ajeno a nosotras, sino que tenemos mucho poder de incidencia sobre la realidad, como veremos mĆ”s adelante cuando hablemos del sufrimiento. De todos modos, este tipo de recordatorio solo se hace a quien tiene unas determinadas condiciones que podrĆ­amos traducir como privilegios: unos mĆ­nimos que aseguran la supervivencia, unas determinadas capacidades intelectuales, herramientas y acompaƱamiento para poder reeducar nuestra carĆ”cter y para ampliar la comprensiĆ³n de nuestra situaciĆ³n, entre otras. Y estas condiciones privilegiadas se seƱalan detalladamente para que aquellas que gozamos de ellas podamos hacer algo en pro de quienes no las ostentan y, por tanto, no pueden asumir este diagnĆ³stico sobreresponsabilizante.

Por otro lado, otro aspecto de la Ć©tica de la autoayuda construida sobre el supuesto de un sujeto independiente y autĆ³nomo es la pretensiĆ³n de una felicidad absoluta, entendida ā€œcomo plenitud, como conquista totalā€. Ante este ideal, la contrapartida es la patologizaciĆ³n de todo sufrimiento en forma de ansiedad, depresiĆ³n, desorientaciĆ³n, desazĆ³n..., que es tratado como una desviaciĆ³n de lo que es ā€œnormalā€, como una anomalĆ­a, como un trastorno individual. Y ahĆ­ se cuece otra de las crĆ­ticas mĆ”s insistentes de Espluga, que veremos a continuaciĆ³n.

Del instagram @boudha_garbage_recycling

Lo que la autoayuda no sabe ver en la infelicidad - o lo que ve demasiado bien


El autor reivindica que el sufrimiento no es una cuestiĆ³n privada, sino que tiene una estructura comĆŗn que nos conecta con lo que les ocurre a otras personas. Citando a Sara Ahmed, una gran aliada en su reflexiĆ³n, dice: ā€œPodemos reconocer que no solo no somos la causa de esa infelicidad que se nos atribuye, sino tambiĆ©n los efectos de que se nos atribuye ser causaā€; es decir, que tĆŗ no tienes la culpa de sentirte triste en un trabajo que te exige que estĆ©s disponible hasta la extenuaciĆ³n, y que esto no se resuelve con una terapia sino organizĆ”ndose colectivamente con el resto de trabajadoras para proteger unos derechos laborales bĆ”sicos. La Ć©tica de la autoayuda se enriquece gracias a las terapias que tratan el malestar de los individuos como casos aislados y patolĆ³gicos y, de esta forma, desactiva el potencial social, solidario y asociativo que siempre han salvaguardado el dolor y el sufrimiento, que estĆ”n en el origen de todos los movimientos revolucionarios, crĆ­ticos y transformadores que ha testimoniado la historia de la humanidad. Arrinconar el sufrimiento, desacreditar su energĆ­a y domesticarlo es la mejor forma que ha encontrado el statu quo de asegurar su longevidad. De ahĆ­ el inaudito Ć©xito comercial y mediĆ”tico de la autoayuda y, de entre sus productos estrella, tambiĆ©n del mindfulness. Ante esta perversa complicidad, Espluga concluye:


Necesitamos pensar la infelicidad como algo mĆ”s que un sentimiento que debe ser superado. La infelicidad podrĆ­a brindarnos una lecciĆ³n pedagĆ³gica acerca de los lĆ­mites de la promesa de felicidad. Dado que la injusticia siempre tiene efectos infelices, la historia no termina allĆ­. La infelicidad no es el punto de llegada.


En defensa de (la comprensiĆ³n de) las pasiones tristes

Los enemigos han sido desenmascarados: no puede haber tolerancia ante la invisibilizaciĆ³n de las condiciones sociales del malestar que se promueve en cierta terapias de autoayuda; ante la violencia de los mensajes del pensamiento positivo (ā€œsi quieres, puedesā€) que sobre-responsabilizan al individuo y, de este modo, desconectan los sesgos de clase, gĆ©nero, raza, precariedad, pobreza.., del sufrimiento cotidiano. Por todo eso, Espluga se pronuncia ā€œen defensa de las pasiones tristesā€, e invita a mirar de cara el sufrimiento para atender a su contexto y, de esta forma, poder erradicarlo:


Negar el sufrimiento implica negligir sus causas, su contexto, la forma que adopta, los motivos que lo justifican, y asĆ­ tambiĆ©n las posibles estrategias de respuesta y resistencia a tales estructuras de dominaciĆ³n.


En esta apuesta, el sufrimiento no se entiende como un mero derrumbamiento, sino que abre las puertas a una receptividad que nos conecta con las demĆ”s y que puede ser un sincero motor de acciĆ³n. En suma, esta postura se concibe como un esfuerzo por no comprar falsas promesas de felicidad, una disciplina de soportar la incomodidad de una realidad difĆ­cil y dolorosa, para generar desde este profundo realismo.


La actualidad del camino medio, o la comprensiĆ³n del sufrimiento


Las budistas no podemos estar mĆ”s de acuerdo con la defensa que blande Eudald Espluga. Lo Ćŗnico que hacemos es introducir lo que, para nosotras, marca absolutamente la diferencia: la comprensiĆ³n del sufrimiento. El mismo autor de No seas tĆŗ mismo nos advierte que su defensa no es un mero elogio al malestar. Por un lado, no compra el positivismo de la autoayuda pero, por otro, tampoco se contenta con una peligrosa postura de nuestro tiempo: un estĆ©ril ā€œregodearse en un imaginario nihilista y autocomplaciente, que desmoviliza a travĆ©s de la ironĆ­a y nos deja en un estado de indefensiĆ³n aprendida.ā€

Lo que diferencia el mero sufrimiento como punto de llegada de una relaciĆ³n generativa con el mismo es, para el budismo, la comprensiĆ³n de este fenĆ³meno. Y coincidimos con Espluga que la primera caracterĆ­stica del malestar es su condiciĆ³n comĆŗn, transversal, omniabarcante: ā€œhacer del malestar una experiencia colectiva, compartida por millones de personas, y evitar que este llegue a convertirse en un estilo de consumo privadoā€. A eso mismo apunta la primera enseƱanza del Buda Shakyamuni, la noble verdad del sufrimiento:


Ɖsta, oh monjes, es la Noble Verdad del Sufrimiento. El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es sufrimiento, asociarse con lo indeseable es sufrimiento, separarse de lo deseable es sufrimiento, no obtener lo que se desea es sufrimiento. [...]

Esta Noble Verdad del Sufrimiento debe ser plenamente comprendida.


Del instagram @boudha_garbage_recycling

En el budismo encontraremos algunas de las descripciones mƔs explƭcitas del sufrimiento que retratan las tradiciones espirituales. En esa misma lƭnea, con el compromiso de hacer caer todo velo de felicidad mentirosa que nos pueda seducir, el Sutra del fuego proclama:


todo estĆ” ardiendo. [...] el ojo estĆ” ardiendo [...] El oĆ­do estĆ” ardiendo [...] La nariz estĆ” ardiendo [...] La lengua estĆ” ardiendo [...] El cuerpo estĆ” ardiendo [...] La mente estĆ” ardiendo. [...] TambiĆ©n estĆ” ardiendo cualquier sensaciĆ³n placentera o dolorosa, o ni dolorosa ni placentera que surja por motivo de la impresiĆ³n mental. ĀæArdiendo con quĆ©? Ardiendo con el fuego de la pasiĆ³n, ardiendo con el fuego del odio, ardiendo con el fuego de la ignorancia. Yo digo que estĆ” ardiendo con el nacimiento, la vejez y la muerte; con el pesar, con la lamentaciĆ³n, con el dolor, con la aflicciĆ³n, con la desesperaciĆ³n.

Al reconocimiento sin tapujos de las diferentes expresiones de ansia, sufrimiento, dolor fĆ­sico, malestar mental, insatisfacciĆ³n, opresiĆ³n social y demĆ”s, le sigue el anĆ”lisis de la causa del sufrimiento y de las herramientas que permitan trabajar de fondo con esas causas para vivir mejor - la enseƱanza completa de las cuatro nobles verdades. Pero nada nuevo empieza sin la base de todo camino emancipador: ser realista con el sufrimiento. AsĆ­ lo explica Trungpa Rinpoche:


El budismo enseƱa que trascender el estrĆ©s de la vida requiere una apreciaciĆ³n completamente realista de su presencia generalizada. [...] Sin duda se reconoce que lo que es ā€œdolorosoā€ no es Ćŗnicamente eso. No se niegan los aspectos placenteros de la vida, pero se enfatiza que ignorar sus aspectos dolorosos nos conduce a un apego limitante, mientras que reconocerlos tranquilamente tiene un efecto purificador y liberador.


El efecto generador del sufrimiento entendido como una experiencia transversal y colectiva recibe tambiĆ©n otro nombre: la compasiĆ³n, el gran motor de acciĆ³n ā€”evidentemente, de una acciĆ³n solidaria, incansable y realistaā€” del budismo, como el de toda propuesta concernida por la emancipaciĆ³n de los seres sufrientes. La comprensiĆ³n del sufrimiento y su gemela, la compasiĆ³n, siguen siendo actuales porque, bajo la fatiga y la impotencia y la atomizaciĆ³n de nuestros tiempos, seguimos sufriendo y buscĆ”ndonos torpemente para generar formas de vivir de otro modo.


***


Si quieres seguir leyendo sobre el tema, lee la segunda parte de este artƭculo AQUƍ.


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BibliografĆ­a:

  • Tashi Tsering, Gueshe (2012). Las Cuatro Nobles Verdades de Buda. Ciutadella de Menorca: Amara.

  • Espluga, Eudald. (2021). No seas tĆŗ mismo. Apuntes sobre una generaciĆ³n fatigada. Barcelona: PaidĆ³s.

  • Trungpa, Chƶgyam (2011). El mito de la libertad. Barcelona: Editorial KairĆ³s.




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