top of page

4 cosas que tienes que saber sobre la atención

Foto del escritor: Berta SáenzBerta Sáenz
  1. Vivimos en un contexto de creciente empobrecimiento de nuestra atención y nuestra memoria


La plasticidad cerebral es la capacidad de nuestro cerebro de cambiar, tanto provisional como estructuralmente. No es exclusiva de la infancia, sino que se prolonga a lo largo de toda la vida. Un ejemplo célebre es el de los taxistas de Londres, cuyo hipocampo está extraordinariamente desarrollado debido a la necesidad de memorizar todas las calles de la ciudad y las rutas entre ellas. Este fenómeno muestra que podemos modificar nuestro cerebro, para bien o para mal.


La neurocientífica Beatriz Fagundo nos invita a ser conscientes de las sombras de esa maleabilidad cerebral a la luz de nuestro contexto. Indica que, sin duda alguna, la tecnología nos facilita la vida, pero también delegamos en ella funciones que podríamos realizar por nosotras mismas. La inmediatez con la que encontramos información sin esfuerzo—buscando en el teléfono en lugar de recordarlo—nos desentrena y debilita circuitos neuronales de memoria. Además, no hemos ganado en atención: el tiempo que dedicamos a un estímulo es cada vez menor. El GPS, por ejemplo, afecta no solo nuestra memoria espacial, sino también nuestra atención. Al orientarnos sin asistencia, debemos fijarnos en puntos de referencia, ejercitando la atención selectiva y reteniendo información clave. Sin este entrenamiento, estas habilidades se debilitan.


Si bien es posible recuperarlas, resulta más difícil para las generaciones que nunca han tenido que ejercitarlas. Para los adolescentes y niños que han crecido con la tecnología en todas partes, el resultado es una pérdida de facultades mentales que antes se daban por sentadas. Y, desafortunadamente, como dice Fagundo, el contexto no promueve que se refuercen otras habilidades cruciales. Es decir, TikTok no requiere ejercitar el pensamiento crítico, estar tomando decisiones trascendentales o planificar a largo plazo. Y el cerebro de los más jóvenes entiende que esas habilidades no son necesarias. Entonces se deja “la empresa sin director general, en manos del becario sin supervisión” (Fagundo, 2025).


  1. La mente se puede entrenar, y la meditación es una de las técnicas más efectivas para hacerlo. 


Alan Wallace, especialista en budismo tibetano e investigador en los encuentros entre meditación y ciencia, coincide en diagnosticar que, en nuestra sociedad, predomina una cultura de estimulación constante y de acción incesante. Esto nos ha empujado a una incapacidad generalizada para estar en quietud. El multitasking se ha convertido en la norma, en la única manera de vivir para muchas, lo que ha resultado en un aumento de déficits de atención que se tratan con fármacos en lugar de abordar sus causas subyacentes.


La atención no se limita a centrarse en lo que nos resulta entretenido o estimulante, sino que implica cultivar una presencia plena y equilibrada. Aunque todas las tradiciones contemplativas enfatizan la importancia de aprender a concentrarse y permanecer enfocada, el budismo es especialmente rico en este sentido, y una de sus herramientas clave es samatha.


La práctica de samatha o meditación en calma mental no solo nos enseña a estar presentes, sino también a reconocer cuándo la mente se agita o se embota, cultivando así tanto la atención como la introspección o autoconocimiento. Este proceso de refinamiento de la mente la hace más flexible, maleable y útil. Además, como la mente es un fenómeno encarnado, a medida que la mente cambia, también lo hace el cuerpo. Wallace explica que, cuando una persona se expone a la práctica de meditación de forma intensiva, se experimenta una mayor flexibilidad y claridad mental que conllevan no solo beneficios psicológicos evidentes, sino también un efecto sanador a nivel fisiológico.


4. La atención no es neutra: nuestra intención, valores y discursos determinarán los frutos de nuestra práctica meditativa. 


Aprovechando la riqueza de la tradición meditativa del budismo, Thanissaro Bhikkhu, monje  estadounidense y escritor, desmiente algunas preconcepciones respecto a la meditación. A menudo, oímos que meditar consiste en desembarazarnos de los juicios y las ideas, y dejar la mente en blanco, en un estado de pura presencia. Pues bien, ante ello, Thanissaro responde que:


El Buda nunca usó la palabra “atención desnuda” en sus instrucciones de meditación. Esto se debe a que comprendió que la atención nunca ocurre de manera desnuda, pura o incondicionada. Siempre está coloreada por visiones y percepciones —las etiquetas que tiendes a dar a los eventos— y por intenciones: tu elección de a qué prestar atención y tu propósito al estar atento (Bhikkhu, 2010).


Por ello, debemos tener en cuenta las condiciones que damos a nuestro cultivo de la atención. Para que la atención sea verdaderamente sanadora y conduzca al cese del sufrimiento y el estrés, debe acompañarla, como insiste Lama Ngawang Norbu, un marco ético y filosófico. Es decir, una reflexión sobre los efectos de nuestros hábitos y acciones en una misma y en las demás, y un esfuerzo por comprender la realidad y por explicitar nuestros propósitos vitales. No todo vale y no toda práctica de atención es liberadora. 


4. La atención es indispensable para amar bien a las demás.


Y, por supuesto, el cultivo de la atención, como todo en la vida, no va solo de una  misma. Tener más o menos capacidad de serenarnos, estar presentes, sostener la incomodidad, estar conectadas con lo que está pasado…, también condiciona nuestra capacidad de amar y cuidar bien de las demás. 


Pongamos sobre la mesa lo que todas sabemos, lo queramos asumir o no: por defecto, nuestra forma de relacionarnos con las personas queridas es esclavizante: las carga de expectativas, de resentimientos o de deseos que no les toca satisfacer. O bien se mantiene en una indiferencia distante que busca no meterse en líos emocionales, no dejarse manchar por la confusión y el sufrimiento de la otra persona. 


Charlotte Joko Beck, maestra zen, considera que la meditación en calma mental es la llave hacia una forma de amar más realista y respetuosa. La capacidad de estar presente y de valorar lo que está ocurriendo es, a su parecer, el medio que permite una verdadera relación con otra persona. Propone que aprendamos que “cada momento es absoluto”, y que reconozcamos que “nuestros problemas surgen cuando supeditamos el momento a otra cosa, a nuestros pensamientos autocentrados, [...] a lo que yo quiero” (Joko Beck, 1993). Llevando estas ideas a la vida, esta maestra comparte generosamente su experiencia personal para que cualquiera pueda entender que los beneficios de la disciplina meditativa van más allá de una misma:


La práctica es necesaria para mí también. Supongamos que espero que mi hija me visite en Navidad y me llama para decirme que no vendrá. La práctica me ayuda a seguir amándola en lugar de molestarme porque no hace lo que quiero. Con la práctica, puedo amarla más plenamente. Sin práctica, simplemente sería una anciana solitaria y cascarrabias. En cierto sentido, el amor es simplemente atención, conciencia. Cuando mantengo la conciencia, puedo enseñar bien, lo cual es una forma de amor; puedo poner menos expectativas en los demás y servirles mejor; cuando vuelva a ver a mi hija, no tengo que traer viejos resentimientos al encuentro y puedo verla con ojos nuevos. Así que la prioridad está aquí y ahora (Joko Beck, 1993).


Esta prioridad en el aquí y el ahora podría parecerse a la “atención desnuda” que desmentíamos pocas líneas antes. Pero no nos confundamos: Beck elogia la atención porque ya está comprometida con el ejercicio de amar a las demás y de aliviar el sufrimiento. Como budista mahayana, entiende que la práctica fructifica a través del servicio y que no me puedo liberar de mis engaños y hábitos solo pensando en mí. Como decíamos, la atención muestra todo su potencial de la mano de la preocupación por las demás y del intento de comprensión. Y, por suerte, son compañeras cercanas: por poco que intentemos parar y desacelerarnos, la ternura y la voluntad de orientarnos tendrán espacio donde asomarse. 



Bibliografía:



Commentaires


bottom of page